miércoles

La lengua viperina.

   Una vez mi padre me dijo que no importaba cómo, ni cuándo, lo único por lo que tenía que mirar era por mi felicidad y, que si yo no era feliz, los demás no se sentirían feliz a mi lado. Y yo me propuse ser feliz. Siempre, no importara qué pasase ni cómo acabase. ¿Dónde ha quedado aquello? ¿Dónde estoy? ¿Y mi yo?
   Me estoy consumiendo en este viejo y deteriorado cenicero como el cigarro que pospones un minuto al borde y justo cuando estás dispuesto a darle una calada, se ha acabado. Soy una estrella muerta que vemos brillando mas que a millones de años luz ya se ha apagado.
   Y que cuando los fantasmas de este yo, de este gastado y usado yo, dejen de acosar a la primavera, entonces, solo entonces, será cuando pueda.
    Eh, que el cielo está acechando para ver a quién caza. Que siempre va a cazar a la pequeña y blanca libre antes que al águila. Y, adivina qué. Adivina quién es aquí la liebre.
    Y siempre querrán cortar el cordel por el que estoy haciendo equilibrio. Espera, ¿equilibrio? Esa palabra está tachada con tinta negra en mi diccionario. Estoy intentándolo. El antónimo de equilibrio en mi boca. Es la palabra rodeada, subrayada con ese rotulador amarillo fluorescente, esa que siempre llama la atención.
    Intentar.
    Intentar.
    Intentar.
    Intentar.
    Pero ella tiene una gemela.
    Caer.
    Caer.
    Caer.
    Caer.
    Oh, pero caer... ¡caer es tan bonito! Sientes esa infinidad dentro de ti. Estás tumbado en el vacío, y el aire mueve tu pelo hacia arriba. Y apoyas tus brazos en el abismo. Y este te abraza con sus largas extremidades y te susurra palabras siseantes con su lengua viperina. ¡Oh, caer es tan bonito! Casi tanto como sumergirse en el agua y sentir cómo miles de brazos salen de las más profundas cavidades del océano, acariciándote suavemente desde el fondo. Y abrir los ojos bajo el agua, mirando al cielo. Ver cómo las gaviotas te sobrevuelan tambaleándose a medida que las olas te arrastran.
    Una vez mi padre me dijo que fuese yo. Yo misma. Yo soy yo. Pero, dime, papá, ¿cómo puedo ser feliz siendo yo?


No hay comentarios:

Publicar un comentario