Y, en realidad, no creo que ellos mismos sepan que lo son, puesto que es algo aceptado socialmente. Sí, siempre están los "qué pedante", "demasiado prepotente", pero no hay más.
Un rasgo muy común típico del narcisista es la sociopatía. La mayoría hemos conocido al Christian Bale de American Psycho en menor escala.
Todos somos cortados por el mismo patrón, hechos a medida para satisfacer a aquellos que mueven los hilos, a los reyes del narcisismo, que nos convierten en pequeñas réplicas suyas -eso sí, nunca más listos que ellos-. Nos mandan construir, y somos desempaquetados y cada uno puesto en su lugar.
Desde pequeños somos enseñados a ser humildes, a no creernos más que nadie. "Así serás mejor persona", te dicen. Y de esta manera es como todo empieza. Somos "humildes", creemos que somos humildes para ser mejores personas. Al creer que somos mejores personas, somos "mejores", y es entonces cuando nos convertimos en el gran payaso "yo". Como un círculo vicioso, nuestras creencias pasan de generación en generación.
Nos enseñan a tener ambiciones, a perseguir nuestros sueños y a aprovechar nuestra libertad -la que creemos que tenemos, puesto que otros mayores narcisistas controlan la nuestra, la de los pequeños ególatras-. Pero, ¿y si nuestra libertad, nuestros deseos, nuestras metas, pisan las de otro? "Cúmplelo, pero sé siempre amable. Cuando llegues al cielo, Dios te perdonará".
Marionetas del egocentrismo, del narcisismo, de la auto-compasión, del capitalismo, de Dios. Las marionetas que tienen fe en un Dios que creó la Tierra exclusivamente para ellos. Las marionetas que pasan por la Tierra intentando descubrir algo más allá de ella, cuando ni siquiera se conocen a sí mismos.
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