lunes

24 de junio.




Es 24 de junio y las hogueras alumbran la playa. Tom está junto a mí, cantando a coro con los demás. Suena bien, pero eso realmente no importa. No importa si me equivoco de acorde, si toco la cuerda equivocada, si la guitarra está algo desafinada. No importa. En mi vida nada importa. Nosotros solo viajamos. Solo confiamos en nosotros. No somos de nadie, nadie es nuestro. Solo somos unos hippies que han perdurado en el paso del tiempo. Un alma rota, que no encuentra su sitio. Unos románticos desfasados. ¿Qué somos? Realmente no lo sé. Solo sé que vamos vagando por ahí, disfrutando de cada momento, de cada segundo, de cada instante. No necesitamos a nadie, y nadie nos necesita. Tal vez seamos uno inútiles que han encontrado su sitio en una mugrienta caravana con olor a mariuana y con sonido rock. Tal vez seamos espíritus de otra época. ¿Quién sabe? Nadie. Nadie sabe qué somos, qué seremos, ni qué habíamos sido. Tan solo vivimos en el presente. El mañana no depende de nosotros, el ayer no cambia. 

¿Cómo sobrevivimos? Haciendo lo que nos gusta. Quizás, sí, tengamos que gastar varios días trabajado en baruchos diferentes cada mes, pero... ¿qué me dices del maravilloso sabor de los colores, de la preciosa vista de la música?
Tenemos nada y todo. Nada que a otros les guste, todo lo que nos llena. 
¿Para qué queremos más?




















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