La lluvia caía sobre ella. Su pelo, castaño claro o rubio oscuro, como queráis llamarlo; se había convertido en un intenso negro. Las gruesas hebras de cabellos unidos se pegaban a su cara. Saltaba feliz, sin importarle mojarse. Todo olía a felicidad, la saboreaba, la palpaba, la veía, la sentía. Y de repente, todo se para. Stop. Todo el gris que la rodeaba, ese gris feliz, pasa a ser un gris triste, sin vida. Recuerda todos sus problemas, todo su sin vivir, siendo ahora alguien más, normal, común. Y de repente, otra vez, vuelve a caerse todo, lentamente, poco a poco, sin prisa. Y esta vez, siente la infelicidad, huele la muerte.
—Corre, Grace, corre.
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