sábado

Cambiar, supone riesgos.


Cambié, y no precisamente a mejor. Siento que me he vuelto una insensible, ni un solo te quiero verdadero, espero que, la verdad, siga así, pero dudo quererlo realmente. Siento que no hay ni una sola alma en este jodido mundo que comprenda por lo que estoy pasando. Quizás sea todo insignificante, no merezca la pena pasarlo mal, pero me afecta, mi insensible sensibilidad causa estragos. Querría ser un robot, para no sentir nada. Querría a veces desaparecer. Querría cambiar, aunque siento que ya lo he hecho. He cambiado con mi familia, con esos seres que me quieren, con mis amigos. Todos intentando agradarse entre sí, y a veces, yo también, para no variar el sistema. Siempre con esta sonrisa pintada en el rostro, recordándome a Joker. Quisiera ser una persona normal, sintiéndome diferente. Quisiera que mis sentimientos no estuvieran siempre al borde del colapso, que fueran algo intermedio, llevadero. Pero, no, todo es complicado, todo siempre está precipitándose a un abismo, a que el hilo se rompa. Siento que no debería existir, pero que a la vez, y quizás suene algo egocéntrico, al mundo le faltaría algo sin mí. Puede no ser al mundo, sino a esa central, esa fábrica, donde controlan los sentimientos. Sin mí, no habría trabajo. Soy, y seré una de las personas más inestables emocionalmente, y justamente es eso lo que quiero cambiar. Quiero cambiar lo cambiado. No sentir nada, pero, a la vez, todo. Quiero sentir lo única que soy, pero no quiero sentir que en este momento hay millones de personas pensando igual que yo.
No quiero ver como todo se derrumba lentamente, sin prisa pero sin pausa, como con cada pedazo de ese castillo un trocito de mi corazón se destruye. No quiero sentir como todo se cae, se destroza sin piedad. Sin pensar en nadie, sin pensar en mí. No quiero estar cuando todo se tiña de negro, cuando mi vida se torne en algo que no debería ser vivido por alguien. No quiero tocar la muerte de mi vida, ese momento en que todo pierda el sentido, en que todo es rutina ya vivida, como deja-vu.

Sonríe. Sonríe cuando te critiquen, sonríe cuando se metan contigo. Sonríe cuando te miren, cuando te señalen. Sonríe al saber que eres el centro de atención. Deja pasar todo. Sonríe cuando te hablen, sea lo que sea que te digan. Sonríe cuando no estés de acuerdo. Sonríe cuando mientas. Sonríe estando triste. Sonríe cuando algo no te parezca bien. Sonríe cuando peguen a alguien. Sonríe cuando todo vaya mal. Sonríe cuando llores. Y, tras todo esto, sabrás que has sido un maldito hipócrita, pero que habrás agradado a los demás.

Déjalo.


Todo lo escrito anteriormente lo he considerado como una sinfonía de contradicciones. Escrito a luz de un flexo colgado de la cinta de la persiana, algo alejado de donde escribía. Con la persiana subida, una noche lluviosa y oscura, llena de inspiración y con la batería baja. Coldplay sonando de fondo en el estéreo, cuando mis padres duermen.
Hoy no hay estrellas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario