domingo
Bemoles y sostenidos.
Se acerca sigilosamente y te observa con sus ojos felinos. Sí, ahí está. Te está esperando como si de ese tren que coges diariamente se tratase. Pero este no te lleva a donde quieres. Un lugar inhóspito, un páramo desconocido, ¿sin vida? Quién sabe. ¡Qué delirios vivirás allí! Podrás saborear el olor del mal y, quizás, de la muerte. O, aún mejor, del cielo. Sí, del cielo en el que todo es tan perfecto que desentonarás como una nota sostenida mal posicionada. Tal vez puedas sentirte, no como en casa, pero sí como en un motel de quince euros la noche. A lo mejor, todos se sienten como tú allí, mas al ser un lugar tan elevado, fingen estar a la altura. Y es ahí cuando el cielo se hace infierno. Cuando el horizonte llega a su fin y comienza el vacío.
Y dime ahora, ¿no es un sitio conocido?
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