Sus labios rozan el filo de la botella. Ríe y se divierte. Ella es famosa por ser como es. Con su cara de ángel y su sonrisa de Dios y su mente de diamante. Ella camina por las calles de noche. Ella es nocturna. Despierta hasta tarde. Todos la conocen, pero pocos la han probado. Realmente, todos son como ella. Con sus mentes centradas en la diversión.
Mientras ella se pone su vestido rojo, al igual que su labial y sale a pasarlo bien. Vuelve a reír y vuelve a divertirse. Mira con coqueteo a algún chico de por allí, pero nada más.
Luego, sale a la calle y camina descalza.
En el día ella trabaja siendo alma de capturas en el tiempo. Y todos la saludan y todos le sonríen.
Cariño, debes saber que quizá te estén mintiendo.
Pero eso a ella le da igual. Y cuando los ojos verdes se acercan a ella, ella sonríe con su sonrisa de ángel ―caído― y lo engatusa. Varias palabras se cruzan por su camino y cuando ella también ha caído rendida a sus pies, las lágrimas salen de sus ojos. Ella está muriendo. Está muriendo lentamente. Carmen siente que se consume en una lenta agonía. Luego, él la abraza y le dice que ella es un ángel.
―Cariño, tú no quieres ser como yo, no quieres ver todas las cosas que yo ya vi, estoy muriendo, estoy muriendo. Ella dice, tú no quieres terminar así, famosa, y tonta, y sin edad. Muriendo, estoy muriendo.
―Yo puedo hacer que tú quieras ser como eres y que no te consumas en este abismo. Puedo sacarte de aquí, porque al fin y al cabo todos somos como tú.
Y ella, con su mente de diamante, su cara de diosa sonríe con su sonrisa de ángel y agita sus pestañas y toma su mano aceptando su mano rescatadora.
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