domingo

―Hoy será como en los viejos tiempos, pero ¿mañana...? Mañana será como si nada hubiera cambiado, y seguiremos como ayer, como antes de ayer, como la semana pasada. No creo que eso sea lo más indicado.
―Puede, Julia, que no sea lo más indicado; pero... no siempre se debe hacer lo indicado. Los errores se cometen, ¿sabes? Y por mucho que intentes no caer, caerás. Porque eso no lo decides tú, ni tu mente, ni siquiera tu corazón, sino el destino. Así que, quieras o no, si el destino tiene escondida bajo sus redes una jugarreta, caerás en ella. Deberías abrir tu corazón, porque nunca se sabe que ocurrirá. ¿No crees que es mejor caer fácilmente, sin cansarte ni sufrir, a caer haciéndolo difícil? Igualmente vas a tropezar, y vas a caer.
―Si tengo que morir, haré como los bárbaros, moriré con espada en mano bien alzada ―sí, ella tenía mucho orgullo cuando quería.
―A veces, cuando ya las cartas están jugadas a tu contra, y sabes que vas a perder, es mejor hacer la maniobra, con inteligencia, y retirarse. Lo más indicado, a su vez, puede ser lo más erróneo. Cuando lees un libro, no debes saltarte la introducción, ni la biografía del autor, mas sin embargo lo haces, aunque no se deba hacer, ¿verdad? Y es que, a veces, jugamos a favor del destino inconscientemente, aunque tu mente no esté de acuerdo. Porque el corazón siempre tendrá una pega, y se dejará llevar por sus impulsos, los cuales, la mayoría de ellos, apuestan todas sus fichas por aquel despiadado pero a la vez solidario ser llamado destino. Tienes, debes, seguir los impulsos que tu corazón grita. Tan solo debes aguzar tu oído y escucharlo. Está ahí, Julia, te está gritando que le prestes atención. Te está implorando que no le hagas más daño, que no le hagas sufrir más. Que te dejes llevar, que solo sigas a la corriente, esa corriente que se hace llamar, una vez más, destino. No sé si quieras desperdiciar tu tiempo intentando ganar una batalla que ya está perdida; lo único que sé, es que el destino nos quiere a ti y a mí, juntos.






Y si había sido difícil resistirme al tacto de su piel sobre la mía, a aquella sonrisa que alumbraba aquella noche, no supe como hacer frente a aquellas palabras tan sinceras.
Supe que, por fin, ya todo aquel período de distanciamiento entre nosotros acabaría. Pero quizás, solo quizás, podríamos arreglar todo y darle al amor una nueva oportunidad. Y aunque suene cursi, Cupido podría haber fallado, pero a lo mejor había practicado y habíamos sido nosotros nuevamente su blanco.
―No quiero que sigamos así, Jules, nos estamos haciendo daño. No podemos seguir así. Simplemente es como... es como si solo nos conociéramos, como si solo habláramos para pelear. Si lo único que compartiéramos es un precioso hijo. Cuando sabemos que no es así. Compartimos recuerdos, que podrían volver a hacerse realidad. Compartimos un posible realidad, más cercana o más lejana, no importa, que puede ser bonita. Puede florecer. No todo tiene por qué ser tan hiriente. No siempre que un botella se rompe nos clavamos los cristales. No siempre que acariciamos el filo de una hoja nos cortamos. No tenemos por qué estar al borde de un precipicio, con esa tensión que se acumula en los hombros y duele. Tan solo pido, tan solo estoy pidiendo, que nos compartamos.






No hay comentarios:

Publicar un comentario