De repente, un vacío la abruma. Rueda sobre la cama y palpa a su izquierda. No hay nadie. Se levanta bruscamente, y tras varios minutos, comprende que la ha dejado sola. Se incorpora sobre el cabecero de la cama y como el gato salta sobre la cama. Se acerca a ella y la acaricia ronroneando. Toma el paquete de Winston que está sobre la mesa y saca un cigarrillo. Lo enciende, y le da una calada tranquilamente. Se levanta y cubre su piel desnuda con la sábana. Avanza hacia el balcón y apoya sus brazos sobre la barandilla. Vuelve a dar una calda al cigarro. Sus labios rojos quedan marcados en el Winston. Observa como la gente pasa ajena a ella, sin saber que ella los mira.

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